De haber entrevistado a García Márquez




Por Matías Rótulo, Lima/2014, a poco de morir García Márquez. 


No tendría nada para preguntarle a Gabriel García Márquez. Soy un pésimo periodista. Sin estilo, desprolijo, desencantado, sin ninguna idea genial que sea traducida a una pregunta para el mismísimo Gabriel García Márquez.

Simplemente le pediría que me hablara de Sófocles, Aristófanes y la sensación que le provocó ver su primer artículo periodístico publicado en un diario. En realidad quisiera escucharlo decir algo sobre Dostoievski y su obra. Cosas insignificantes para el público lector de la entrevista. Cuestiones que me interesan a mí y sólo a mí. Cualquier editor de diario me gritaría por mi inoperante charla, rompería mi artículo en pedazos, la redacción se llenaría de ese silencio que rodea a las redacciones de los diarios cuando un jefe le grita a su escriba por algún error imperdonable, por haber tirado a la basura una entrevista a Gabo.
Gabriel García Márquez, al terminar la entrevista, pensaría que soy un idiota por desaprovechar la oportunidad que tuve de entrevistarlo. De perderme en oírlo hablar de literatura cuando él sabe bien que lo que importa es otra cosa: su pelea con Vargas Llosa, su salud, su esposa, Aracataca...

Le contaría sobre mi sensación de leer Crónica de una muerte anunciada saliendo de Cardona (Soriano) en un ómnibus después de pasar con mi abuelo una temporada. Tenía como quince años y leí ese libro asociando Cardona con aquel pueblo donde un hombre fue asesinado. No le importaría a Gabriel, y mucho menos al público.  

De haber entrevistado a García Márquez le preguntaría su opinión sobre Bukowski, Bolaño, y Gabriela Mistral. Quisiera que me hablara mal de la chilena, bien de su compatriota y que defendiera la borrachera del borracho. Otra vez García Márquez se diría que soy un enfermo. 

Le preguntaría si estuvo arrepentido de algo de lo que escribió (eso se lo preguntó otro periodista). García Márquez me tendría lástima por desaprovechar la oportunidad de preguntarle algo original, nuevo. 

Le pediría que me firmara La hojarasca. Le contaría que una vez escribí un artículo en Voces comparando La hojarasca con Mamita Yunai. Pensará que soy un egocéntrico, se preguntará qué carajo es Voces y estaría deseando terminar el encuentro.

De haber entrevistado a Gabriel García Márquez el cassette giraría una media hora. No mucho más. Yo estaría pensando durante el reportaje en las dos páginas del diario que me darían, y que de hablar más de eso tendría que recortar su discurso. ¿Quién se anima a recortar el discurso del gran Gabriel García Márquez? 

De haber entrevistado a Gabriel García Márquez no hubiera escrito esto. 

De haber entrevistado a Gabriel García Márquez publicaría de nuevo la entrevista en este blog, la foto que me saqué con él, el escaneado del autógrafo en La hojarasca, y contaría la anécdota del encuentro. No reconocería lo mal periodista que soy. 

De haber entrevistado a Gabriel García Márquez hubiera escrito este mismo artículo pero con Vargas Llosa, una vez que Vargas Llosa muera y si no lo hubiera podido entrevistar, como no lo hice con García Márquez. Todavía tengo alguna remota posibilidad de entrevistar a Mario Vargas Llosa y preguntarle qué opina de Dostoievski, Nabokov, y Benedetti. Vargas Llosa me miraría como sorprendido por perder la gran oportunidad de hablar sobre su pelea con Gabriel García Márquez, de interrogarle sobre el recientemente fallecido colombiano, de hablar del mismo premio que ganó al igual que Gabriel García Márquez varios años antes...
De entrevistar a Mario Vargas Llosa le pediría que me firme Pantaleón y las visitadoras libro que tengo prometido regalar a una compañera, pero que de firmármelo Vargas Llosa no se lo pienso regalar. 
De entrevistar a Mario Vargas Llosa me olvidaría de mi anhelo por entrevistar a Gabriel García Márquez, algo que quedará en el olvido del anhelo, pues ahora tengo a Mario Vargas Llosa frente al grabador. 
Mi interés cambiaría, tal como cambió el interés que tenía al escribir esto que escribo a dos días de la muerte de García. Ese interés era como de una especie de homenaje, pero ahora tomó partido por Vargas Llosa, que está vivo y me interesa más. Sé que traiciono a Gabo, pues Vargas Llosa es su enemigo (era). La vida cambia muy rápido. Con Gabriel García Márquez me queda la pena del pasado por no entrevistarlo. Con Mario Vargas Llosa tengo la esperanza, el futuro, aunque el futuro no es muy largo. 

De no entrevistar a Mario Vargas Llosa y de morir él terminaré escribiendo sobre mi deseo de haberlo entrevistado, pero el final del artículo sería sobre mi anhelo de entrevistar a Eduardo Galeano (por eso pongo su foto).